Se me agota el combustible!
A propósito de consumos, será difícil olvidar lo que ha ocurrido en el planeta a propósito de esa necesidad voraz que nuestro modo de vida ha generado. Se trata de la energía, del consumo energético y concretamente, del petróleo. Cuando pienso en el petroleo pienso también en medio oriente, en Irak, en Afganistán. La línea que lleva el pensamiento conduce así al septiembre 11, al terrorismo internacional y a la guerra contra el terrorismo. Hoy casi diez años después hemos recibido claro y fuerte el mensaje; el mundo le pertenece a los derramadores de sangre, el futuro está en las manos de cazadores de humanos. Yo creo haber visto ya esa película.
Manchados de sangre.
Muchos hemos confiado nuestras esperanzas a las formas decentes de la democracia ideal, a la noción de estado, por mucho o poco tiempo hemos querido creer que la división de poderes nos concedería algún tiempo más en cuanto que humanidad. Pero muy otra cosa son los planes del Pentágono y las acciones del Estado Mayor Conjunto de EE.UU. Este agosto de 2010 suena y resuena una noticia. Alguien, por algún motivo que no tendremos claro aún, ha conseguido filtrar en la opinión pública cerca de noventa mil documentos sobre la guerra que los norteamericanos y sus monigotes hacen en suelos extranjeros. Pero valga la claridad que no se trata de todos los norteamericanos. Los documentos en cuestión han sido divulgados por wikileaks.org, que es una organización que defiende el derecho que tiene la humanidad a informarse. Hoy esta organización periodística está en el centro de un interesante debate sobre la libertad de prensa, o más bien un debate sobre la sofisticada máquina de matar que han construido algunos magnates con el dinero de los contribuyentes: los ejércitos de cualquier parte. Además son cínicos estos jefazos de asesinos. Una muestra clara está en los pronunciamientos de Mike Mullen y Robert Gates, quienes ostentan las jefaturas del Estado Mayor Conjunto de EE.UU y del Pentágono, que se han pronunciado mostrando los dientes y exhibiendo su dedo acusador atreviéndose incluso a hablar de manchas de sangre. Es un descaro de marca mayor para jefazos de marca mayor; manchas de sangre, un jefe de inteligencia militar y un comandante de tropas osan hablar de manos manchadas de sangre.
Nos vamos cuando nos provoque.
Es inquietante un cierto matiz que se deja ver en la difusión que elespectador.com hace del tema. Se supone en EE.UU la cabeza del ejecutivo es el presidente, o sea mister Obama. Creo haber entendido que mister Obama expresamente se ha comprometido a desmontar la invasión a partir de 2011, algo dijo sobre hacer un retiro paulatino de las tropas que ocuparon el medio Oriente en la década que se cierra. Pero, lo repito, otra cosa piensan mister gates y mister Mullen, que se pronuncian en los medios como si fueran ellos la cabeza del ejecutivo. Francamente me produce escalofrios leer que un funcionario público como Gates dice por encima de su presidente que "nuestro mensaje es que no vamos a abandonar Afganistán en Julio de 2011" y que esa decisión de irse de un país ajeno dependerá de "las condiciones sobre el terreno". En la práctica lo que debemos leer es que la invasión no la controla el ejecutivo, que las carteras bajo el mando de mister Gates y mister Muller son una rueda suelta aunque funcionan con el dinero de los contribuyentes. No pueden ser unos mercenarios los que deciden "sobre el terreno" cuando se termina una invasión, una guerra que es financiada por los ciudadanos de a pie, es la cabeza del gobierno quien debe hablar de ello, y esa cabeza debe ser la resultante de un proceso democrático ¡Que al menos hagan el trámite de montar un presidente que no los contradiga! Que aguce el entendimiento mister Obama, porque le están armando el cajón.
ver nota: http://elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-216568-wikileaks-culpable-moralmente-dice-secretario-de-defensa-de-eeuu
ver también: http://wikileaks.org/
Drogas
Michel Serres*
Traducido por Martha Pulido y Alberto Catrillón
Los animales no se drogan. Sin duda están protegidos por sus aparatos instintivos.
Bestias sin instinto, los hombres no hallan en sus automatismo biológicos algo que los proteja o los equilibre. Se encuentran lúcidos, arrojados en el tiempo y expuestos directamente a la muerte, a la inversa de los animales, que no tienen de ella ninguna percepción. La palabra existencia no significa otra cosa que distancia del equilibrio y falsa seguridad vertiginosa. No estamos nunca tranquilos.
Las drogas funcionan Como protecciones Contra las angustias asociadas a la muerte y al tiempo. Es decir, todos los hombres, en todos los momentos y bajo todas las latitudes se entregan a la droga. Esta conducta, entre muchas otras, nos distingue de las otras criaturas del reino animal.
Aquellos seres extraordinarios que saben o pueden vivir sin las drogas los denominamos, según nuestras culturas, sabios, justos o santos. Entre nosotros algunos fuman opio o tabaco; otros trabajan incansablemente; aquéllos, beben alcohol; otros, luchan por el Poder, sedientos de ambición o de gloria, hambrientos de reconocimiento y aun de dinero; y hay quienes, repetitivos y avaros no paran de hablar, ni de mirar televisión; otros, en fin, discuten continuamente de PolÃtica; y, ¡cuántos aun asedian las farmacias.!...
Todas aquellas conductas que suponen la adquisición de un hábito rimando obligatoriamente el tiempo con la repetición de un gesto estable o el retorno Permanente de un objeto, so-pena de dolores especiales, son conductas producidas bajo el efecto de narcóticos o tóxicos. El mismo itinerario, no importando la ocupación a la cual uno lo Consagre, muestra que pocos hombres saben y pueden pasar su vida sin dedicarla a algo. Los animales no hacen horarios. Nuestros relojes tienen necesidad de que les demos cuerda.
El hombre, universalmente, se droga. PodrÃamos aun preguntamos si la toxicomanÃa no es aquello que lo define, al menos, biológicamente. El hombre es un ser adicto.
Determinadas drogas son admitidas por la sociedad o por la cultura que la anima. Por ejemplo: entre la ambición y el trabajo; el dinero y el Periódico; las noticias y los remedios; los resultados deportivos y las Cotizaciones de la bolsa de valores, algunas son consideradas como sinónimos de virtud. De suerte que, a menudo, aquellos que anuncian que van a luchar Contra la droga aseguran regula1n1ente su considerable dosis cotidiana. En estos temas es tan rara la inocencia Como excepcional es la santidad.
SerÃa necesario disponer de un buen criterio de distinción entre las drogas soportables por los individuos y aquéllas que no PodrÃan de ninguna manera tolerar. Por ejemplo: La ambición, la gloria, el dinero, responsables evidentemente de todas las guerras sobre el planeta, podrÃan figurar en la segunda clase: en el cuadro rojo de los más temibles tóxicos. Pues toda nuestra historia actual depende de ello.
Que hoy en dÃa la banca y el comercio planetarios encuentren los mejores beneficios en los circuitos de venta de determinadas sustancias, prueba, con toda evidencia, a los ojos del filósofo, que el dinero mismo es una droga más fuerte aun que la heroÃna, puesto que, al fin de cuentas, se restablece el primero con la segunda: la obtención de uno se revela todavÃa más necesaria que el consumo regular de la otra.
No nos hemos drogado solamente con los productos venidos de América del Sur o del Asia del Sur-Este, sino, que somos esencialmente drogadictos. Cada vez más, la cultura Occidental reciente, nos impulsa a asumir conductas tóxicas: el empleo exageradamente opresivo de nuestro tiempo de trabajo; el trabajo mismo, igualmente pesado asà nuestros compañeros estén allà dedicados, como cuando no lo están; la publicidad; la expropiación de los medios, conducen todos a elevar de manera vertical el consumo cotidiano de una droga o de la otra.
Nos rodeamos sin cesar de consumo ¿Cómo escandalizarse con las cifras del negocio de la cocaÃna, cuando mejores beneficios se obtienen de la farmacia o de la publicidad?
Si el padre o la madre con toda su buena voluntad ofrecen el espectáculo de vidas y de mentes constantemente dirigidas hacia un sólo tormento - obsesionados noche y dÃa por el dinero, el trabajo, la ambición o el periódico, por el lenguaje y las imágenes -, cuando su hijo se droga, lejos de oponerse a sus padres los imita. De este modo, la educación Occidental ha triunfado: contrariamente a la consideración vulgar sobre este tema la generación joven sigue a la precedente con entusiasmo. A padres obsesivos, hijos perdidos o estupefactos.
La sociedad de consumo produce niños de consunción.
La batalla contra la droga como en otra época la abominable guerra del opio en China, o, más recientemente, el suceso, más innoble aún, de los "Versos Satánicos", anuncian las primeras escaramuzas de la tercera gran guerra mundial: la del Norte contra el Sur.
Comenzamos siempre por persuadirnos de que el adversario sufre de todos los defectos del mundo, especialmente de los nuestros, antes de atacarlo.
Se nos presenta, entonces, como necesario distinguir el problema realmente ontológico de la droga de todos los desarrollos que ha conocido recientemente: Todo el despliegue de fuerzas mundialmente catastrófico de las potencias financieras, policivas, polÃticas, penales viene, creo yo, del enceguecimiento de los paÃses desarrollados que imitan la conducta americana en estos temas, la cual es completamente puritana. Si siempre los hubiésemos seguido tontamente en materia de prohibición, el "cognac" hubiera reemplazado a la heroÃna. El puritanismo es una conducta de simple exclusión. Los puritanos han creÃdo, asiduamente, que se puede erradicar el mal y tirarlo al fuego. Piensan que, de esta manera, sólo el bien reinará.
El problema de la droga se asemeja, hasta el punto de confundirse con él al de la violencia. Desgraciadamente, considero que todos dos son imposibles de erradicar. Nos es preciso, entonces, hacer del mal virtud. Transformar, en la medida de lo posible, la violencia en energÃa creadora: El alcohol en Margaux y, la transmisión mediática de las desgracias del mundo, en tragedias sublimes como en Esquilo o en Racine. Dicho de otra manera, la tolerancia produce lugares de creación. En la bestia innoble que se droga es ponderable que, a veces, sabe transformar sus tensiones en cultura. El puritanismo le tiene horror a la cultura.
La polÃtica colonial francesa en Marruecos e Indochina, no puritana en términos de haschich o de betel*, se calcaba, en otra época, sobre la sabidurÃa tonta pero necesaria del establecimiento de un control local. Durante mucho tiempo me escandalizó que el Estado favoreciera un vicio mortal. No obstante, más vale eso que combatirlo. Al menos, de este modo, no aumenta hasta el punto de llenar todo el planeta de dinero, de muertos y de sangre.
Desde que comenzó la guerra del presidente Busch las diferentes drogas han doblado su precio y, claro está, algunos Bancos han aumentado aún más su poder mientras que entre los pobres la sangre corre dos veces más.
Por el contrario, algunos establecimientos sostenidos por el Estado y, por supuesto, por funcionarios mal pagos como el hospital y la universidad alcanzan estados de lamentable descuido y suciedad. Menos dinero, más muertes, nada de guerra, sólo la miseria ordinaria de nuestras vidas.
Los toxicómanos son hombres ni más ni menos drogados que usted y yo, pero, eso sÃ, gravemente enfermos: La desgracia, la pobreza o la mala suerte los conduce a la elección de una droga atroz y rápidamente mortal, en tanto que usted y yo hemos escogido, por suerte, una droga deleitable y solamente mortal lentamente. Nos basta con entrar a una tienducha donde podamos procuramos algunas porquerÃas a precio irrisorio: tabaco negro, pintalabios en promoción, una que otra adulación o las últimas noticias en la televisión.
Esta solución que propongo, con humor y tristeza, sé bien que el Norte rico y poderoso siempre la rechazará, puesto que ya lo veo estremecerse de júbilo con la idea de una guerra próxima con el Sur pobre y débil. Conflicto que acaba de desatar, entre otras, la movilización general de los paÃses industrializados contra la droga proveniente de los agricultores miserables del tercer mundo. Ebrios-muertos de consumo nos preparamos para destruir a aquéllos cuyo trabajo y muerte nos embriaga.
¿Cuál sociedad duda alguna vez en ocultar sus problemas tras la violencia guerrera, sobre todo cuando ésta no presenta ningún riesgo? La prohibición concerniente al alcohol fue, en los Estados Unidos, el signo de una guerra que opuso el puritanismo anglosaj6n de los primeros inmigrantes que llegaron a ser ricos y poderosos, a la población miserable de los recién llegados de Europa del sur: Griegos, italianos y yugoeslavos que bebÃan vmo.
Asà mismo, la guerra de la droga opone, hoy en dÃa, los dominantes del mundo desarrollado, al tercer mundo que masca hojas de coca y, que la cultiva, porque los primeros derrumbaron el precio del cacao y del café.
A los paÃses de Occidente la tensión desaparecida con el Este no les da ya más la ocasión de batirse, por esto, entablan un nuevo conflicto contra otros miserables.
Los puritanos le tienen horror a los pobres.
ArtÃculo publicado por la Revista Enfant d' Abord, #137, Diciembre 1989-Enero 1990. ParÃs.
Tomado de http://ayura.udea.edu.co/publicaciones/revista/numero4/Drogas.htm